Ayer 6 de noviembre de 2013, era uno de esos días en que te levantas con ganas de empezar el día, sabiendo que tienes muchas, muchísimas cosas que hacer y poco tiempo para hacerlas. Ayer sabía que saldría puntual del trabajo para irme directamente al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB para todos), donde acababa de aterrizar una de las exposiciones fotográficas mejor consideradas y con más expectación del mundo: el World Press Photo.

Mientras caminaba a paso ligero hacía allí, tenía un sentimiento contradictorio de felicidad y tristeza, sabiendo que probablemente me afectaría mucho lo que iba a ver. Y así fue, y es, de hecho, la sensación que me produce estar escribiendo esto tranquilamente desde mi escritorio, con mi música y con el te de media mañana en mano, es de hipocresía y mediocridad. Por mucho que nos interesemos por saber lo que pasa en el mundo, podemos ver cada día las noticias, o asistir a exposiciones tan impresionantes como esta y aún así, seguimos durmiendo tranquilamente.

Es por ello, que quiero expresar la humanidad, sufrimiento, tristeza, injusticia, guerra y muerte que ayer vi. La mayor parte de ella a miles y miles de quilómetros de aquí, pero por mucho que no sean nuestros ojos los que ven todo esto en directo, cada día al lado de nuestras casas, desgraciadamente existe. Por eso, debemos admirar a todos estos fotógrafos que arriesgan sus vidas, para mostrar al mundo la realidad de lo que está pasando, porque cada una de estas historias individuales merecen ser escuchadas y conocidas por todos, con la esperanza de que algún día puedan ir a mejor.

El prestigio que ha conseguido el World Press Photo es totalmente justificado, no solo por su contenido informativo, que muestra al mundo la cruda realidad, también por valorar el magnífico trabajo de sus autores, quienes viajan por el mundo en busca de estas historias desconocidas, pero no menos relevantes que las decisiones de pueda tomar un gobierno cualquiera. Estos fotógrafos se infiltran en sociedades, culturas y familias ajenas, para que el resto del mundo conozca sus problemas. Aunque nosotros valoramos su valentía y al mismo tiempo nos sentimos privilegiados y, a lo mejor, aliviados de no estar en estas situaciones ¿Por qué no hacemos algo al respecto?

Ayer, cuando salía de la exposición, lo único en que pensaba es en el mensaje que me transmitieron, era consciente de que todo aquello que vi no era un montaje, ni una película, si no que es real. Ahora, 15 horas más tarde, pienso más allá de ese mensaje, y sé que lo realmente importante es el objetivo que tiene: cambiar las cosas.

Así que, solo puedo decir que o vayas por amor a la fotografía, por amor al periodismo, o por ambas cosas, yo digo, que no te lo pienses más, porque vale la pena. Cada grano de arena vale y a lo mejor algunos de estos harán que por fin cambien las cosas, o al menos, mejoren.

Una Republicana Fotográfica

IMG_1345